salto semántico
El término salto semántico se ha utilizado para describir el fenómeno consiste en que una unidad léxica se emplea inicialmente en masculino con un sentido aparentemente genérico –es decir, un sentido que incluye a hombres y mujeres en su referencia– pero más adelante, en el mismo discurso, se revela que, en realidad, se interpreta con un sentido restrictivo que excluiría a las mujeres. Véase, por ejemplo, el siguiente enunciado: La matriculación de alumnos norteamericanos ha crecido un 20% a pesar de la crisis. La construcción alumnos norteamericanos puede interpretarse como un masculino genérico, no marcado en cuanto al género. Sin embargo, si a continuación se dice En cambio, el número de alumnas ha disminuido ligeramente, quedaría claro el carácter específico de ese masculino. Sería, por tanto, un caso de salto semántico.
El término comenzó a utilizarse a finales de los 70 en los estudios sobre lenguaje y género, en el marco de una perspectiva crítica respecto al androcentrismo lingüístico. Desde entonces, se ha ido consolidando en guías, manuales e investigaciones relacionadas con el lenguaje no sexista como una categoría descriptiva que permite delimitar un fenómeno relevante en este ámbito. Por un lado, se ha señalado que este “salto” constituye un indicio claro del sesgo androcéntrico del lenguaje: muestra cómo el masculino, aun cuando se presenta como inclusivo o genérico, tiende privilegiar una representación masculina y a relegar a las mujeres a la invisibilidad o a un plano secundario. Por otro lado, se ha destacado que este fenómeno lingüístico ilustra algunos de los problemas asociados al uso del masculino genérico. La Real Academia Española y quienes respaldan sus planteamientos han defendido el empleo del masculino genérico como fórmula inclusiva, no marcada respecto al género, y coherente con el principio de economía lingüística. Sin embargo, desde una perspectiva crítica, se ha insistido en que el masculino genérico, además de contribuir a la invisibilización de las mujeres, es fuente de malentendidos y ambigüedades cuando el contexto no deja suficientemente claro su alcance. Por ejemplo, enunciados como Los alumnos de primero deben presentarse a las 10 en la enfermería, Los trabajadores recibirán una paga por cumplimiento de objetivos resultan cuando menos ambiguos, porque posibilitan tanto una interpretación inclusiva (alumnos y alumnas, trabajadores y trabajadoras) como una excluyente (solo alumnos y trabajadores varones).
Referencias
Aliaga Jiménez, J. L. (2018). Lenguaje inclusivo con perspectiva de género. Gobierno de Aragón. https://www.aragon.es/documents/20127/94900387/Lenguaje+inclusivo+con+pe...
García Meseguer, Á. (1977). Lenguaje y discriminación sexual. Montesinos.
Guerrero Salazar, S. (2012). Guía para un uso igualitario y no sexista del lenguaje y de la imagen en la Universidad de Jaén. Unidad de Igualdad. Universidad de Jaén. https://hdl.handle.net/10630/23352
RAE (2020). Informe de la Real Academia Española sobre el lenguaje inclusivo y cuestiones conexas. https://www.rae.es/sites/default/files/Informe_lenguaje_inclusivo.pdf

