unidad y diversidad
La preocupación por la unidad idiomática en el mundo hispanohablante tiene un profundo espesor histórico, pero se consolida gracias los procesos de independencia americana en la parte temprana del siglo XIX. La ruptura de los lazos políticos sembró entre intelectuales americanos y españoles la inquietud por la repetición de la fragmentación lingüística del latín, esta vez en la América postcolonial. En la parte final del siglo XIX, los debates sobre la unidad y la fragmentación alcanzaron su punto culminante y se enquistaron en el imaginario público sobre el lenguaje (Del Valle, 2004). Se trata precisamente del momento en que el Imperio español terminaba de colapsar y se articulaba la red de academias correspondientes. Más allá de la especificidad del contexto cultural hispánico, la importancia ideológica de la unidad proviene de la hegemonía del modelo cultural racionalista sobre la estandarización en Occidente, vigente desde la Revolución francesa (Geeraerts, 2006).
En la versión hoy dominante de los discursos sobre la lengua española, la unidad no coincide con una homogeneidad completa, sino que se ha buscado establecer una síntesis entre unidad y diversidad o cambio. La idea es que la lengua española es una sola a pesar de las diferencias dialectales existentes. El lema del IV Congreso Internacional de la Lengua Española (2007), “Unidad en la diversidad”, refleja esta perspectiva. Los estatutos vigentes de la RAE declaran como su principal objetivo “velar porque los cambios que experimente la Lengua Española [...] no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico” (Real Decreto 1109/1993). Si por un lado esta síntesis muestra un reconocimiento del pluricentrismo, también podría interpretarse como un gesto retórico, que no se condice con las prácticas normativas comprobables en los instrumentos lingüísticos académicos. Se trataría, en este caso, de una revalorización de la variación y diversidad lingüísticas atribuible a la conciencia postmoderna que revitaliza las ideas románticas dieciochescas pero en el contexto de la globalización (Geeraerts, 2006, p. 293).
El ideologema de la unidad del idioma sirve como fundamento de la HISPANOFONÍA, así como forma parte del andamiaje conceptual de la POLÍTICA LINGÜÍSTICA PANHISPÁNICA. Se trata de una meta quimérica, por cuya consecución se trabaja arduamente, pero muy escurridiza. La representación ideológica del lenguaje, en este caso, entra en conflicto con la variación continua inmanente que es característica intrínseca del lenguaje humano. Por esta razón, es un concepto recurrente en el discurso público sobre la lengua española.
Referencias
Del Valle, J. (2004). Lingüística histórica e historia cultural: notas sobre la polémica entre Rufino José Cuervo y Juan Valera. En J. del Valle y L. Gabriel-Stheeman (Eds.), La batalla del idioma: la intelectualidad hispánica ante la lengua (pp. 93-108). Iberoamericana/Vervuert.
Geeraerts, D. (2006). Cultural models of linguistic standardization. En Words and other wonders. Papers on lexical and semantic topics (pp. 272-306). Mouton de Gruyter.
Rojas, D. (2014). Unidad y diversidad del español: actitudes de hablantes de Santiago de Chile. Revista Internacional de Lingüística Iberoamericana, 23, 9-23. https://www.jstor.org/stable/24364794?seq=1#page_scan_tab_contents

