autoridad
Capacidad reconocida de ciertos (grupos de) individuos o instituciones para dictar normas y establecer criterios sobre el uso correcto de una lengua, combinando rasgos nucleares como legitimidad normativa, influencia sobre hablantes o referencia a estándares codificados, con rasgos periféricos como prestigio social, reconocimiento académico o relevancia mediática. Así pues, la autoridad lingüística se caracteriza por su carácter prescriptivo, su reconocimiento colectivo y su capacidad para sancionar o prestigiar determinados usos del habla. Sus manifestaciones más comunes se concretan en manuales de gramática, diccionarios normativos y recomendaciones ortográficas que orientan la producción lingüística y el aprendizaje formal de la lengua.
Durante los siglos XVII y XVIII, la Real Academia Española se erigió como la máxima autoridad normativa en la lengua. Mediante la publicación de una serie de gramáticas y diccionarios de referencia, la institución regulaba y dictaminaba lo que debía o no decirse, priorizando una variedad lingüística (la del canon literario) sobre las demás. En las últimas décadas, este prescriptivismo institucional, extendido hasta el siglo XX, parece haber evolucionado hacia una visión más aperturista como consecuencia de la enorme influencia de los medios de comunicación en la lengua (Rizzo, 2019). Con el fin de modernizar su imagen, la RAE adoptó una nueva política basada en el lema “la unidad en la diversidad” y en una norma panhispánica y policentrista del idioma (Santamaría Pérez, 2019, ). Actualmente, la RAE reconoce que la autoridad corresponde a los hablantes cultos, especialmente a la clase política o los medios de comunicación, capaces de prestigiar los usos hasta el punto de convertirlos en norma (Ramos, 2013).
En el discurso metalingüístico público, se debate constantemente sobre quién posee verdaderamente la autoridad del idioma: las instituciones que lo regulan o los propios hablantes. Aunque continúa aludiéndose a la RAE como argumento de autoridad para justificar la validez de ciertos usos, las críticas vertidas sobre la gestión lingüística de la institución no son aisladas: mientras unos la desautorizan por no ajustarse fielmente a la realidad lingüística y social, otros critican su laxitud porque ya “ni fija, ni limpia ni da esplendor”. En cualquier caso, si “hasta hace relativamente poco tiempo existía la idea de que lo que la Academia dice es lo correcto y si una palabra o expresión no está admitida por esta, no es correcta o no existe” (Santamaría Pérez, 2019, p. 254), ahora, en cambio, los hablantes son más conscientes de que “la lengua es de la comunidad que la habla, y es lo que esta comunidad acepta lo que de verdad ‘existe’, y es lo que el uso da por bueno lo único que en definitiva ‘es correcto’” (Seco, 2019, párr. 3).
Referencias
Ramos, J. R. (2013). Norma y variación lingüística: paralelismos y divergencias entre el español y el catalán. Normas. Revista de Estudios Lingüísticos Hispánicos, 3, 125-159.
Rizzo, M. F. (2019). El discurso normativo de la RAE en Twitter. Revista de Investigación Lingüística, 22, 425–450. https://doi.org/10.6018/RIL.386881
Santamaría Pérez, M. I. (2019). "Baia baia", ¿irreverencia o progreso?: Nuevas autoridades en las CSL del siglo XXI. En C. Marimón Llorca (Ed.), El columnismo lingüístico en España desde 1940: Análisis multidimensional y caracterización genérica (pp. 231-256). Arco/Libros.
Seco, M. (2019). La Academia Española ante el poder de los hablantes. elcastellano.org. https://www.elcastellano.org/la-academia-espa%C3%B1ola-ante-el-poder-de-...

