pluralismo lingüístico

Es un enfoque sociopolítico y cultural que reconoce, valora y promueve la coexistencia de múltiples lenguas dentro de una misma sociedad mediante la adopción de políticas, prácticas educativas y marcos legales que permiten a diversas comunidades usar, transmitir y desarrollar sus lenguas en ámbitos públicos y privados, como la educación, la administración, los medios de comunicación y la vida cultural. El término se consolida en los debates académicos y políticos del siglo XX, especialmente en el campo de la Sociolingüística y de la planificación lingüística cuando, en contextos marcados por procesos de descolonización, migraciones y reivindicaciones de minorías culturales, investigadores y organismos internacionales cuestionan los modelos monolingües de Estado. La UNESCO, desde mediados del siglo XX ha promovido la protección de las lenguas minoritarias como parte del patrimonio cultural de la humanidad. Sociolingüistas como Joshua Fishman o Robert Phillipson contribuyeron a conceptualizar la diversidad lingüística y sus implicaciones políticas. El pluralismo lingüístico, constituye un marco conceptual y político que busca gestionar la diversidad lingüística de manera inclusiva, reconociendo que las lenguas son no solo medios de comunicación, sino también portadoras de conocimiento, identidad y derechos culturales. Frente a disposiciones institucionales que relacionan, de manera acrítica, diversidad con convivencia pacífica y pluralismo con inclusión social, el pluralismo se presenta como una política pública para la compensación de regímenes históricos de exclusión y discriminación. El pluralismo, así, presupone la pluralidad como principio rector y regulado: la pluralidad sería descriptiva y particularizante, mientras que el pluralismo apunta a lo regulativo universal. Pluralismo y diversidad, en el marco de estas políticas públicas se presentan como intercambiables. Para Lagarde (2015, p. 99), en el desplazamiento de la pluralidad hacia la diversidad se manifiesta el uso preferente de la metáfora biológica de “ecología de las lenguas”, utilizada para concebir las lenguas como seres naturales que deben adaptarse a los nichos ecológicos del entorno, o bien, asimilar esas lógicas para garantizar su supervivencia. Grimson (2011, p. 198) alerta, sobre la diferencia entre diversidad natural y cultural, que haría equívoca la analogía y la concepción de lo cultural como biológico. El pluralismo lingüístico no busca reemplazar las lenguas minoritarias por una lengua dominante, sino crear condiciones para su convivencia. Estas tensiones reflejan la dimensión política de las lenguas y muestran cómo las decisiones sobre qué lenguas se reconocen o se promueven implican relaciones de poder, memoria histórica y proyectos de nación. En relación con el discurso público sobre la lengua, el pluralismo lingüístico suele aparecer en debates sobre identidad nacional, derechos culturales y políticas educativas.

Referencias

Fishman, J. (1991). Reversing Language Shift. Multilingual Matters.

Lagarde, C. (2015) ¿Se nutre el conflicto lingüístico de una base conceptual y de una política conflictiva? Reflexiones acerca del caso catalán. En J. Cagiao y Conde y J. Jiménez-Salcedo (Coords.), Políticas lingüísticas en democracias multilingües (pp. 
90-104). Catarata.

Grimson, A. (2007). Cultura y Neoliberalismo. Prometeo.

Phillipson, R. (1992). Linguistic Imperialism. Oxford University Press.